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miércoles, 29 de junio de 2011

El vampiro de Istria, la leyenda

Mucho tiempo antes de que Bram Stoker creo su obra maestra "Drácula", un vampiro croata llamado Jure Grando sembró el terror entre los habitantes de la aldea de Istria, hasta llegar al punto de que sus andanzas le valieron el honor del título de primer muerto viviente de Europa.
Las historias de este vampiro sigue siendo actualmente atracción turística en Kringa, la semidesierta localidad croata donde vivió, murió, se levantó de la tumba y fue de nuevo muerto por los habitantes de la aldea.

En el cementerio del pueblo, no hay tumba que lleve su nombre y nadie sabe dar pista de ella. "Esa tumba jamás existió", aseguró con lúgubre fastidio a Efe una mujer en el cementerio local.

"Los vecinos probablemente derribaron y cubrieron la tumba por miedo a que Grando volviera como vampiro para maltratarlos", explicó con una misteriosa sonrisa Igor Rajko, empleado del museo dedicado al vampiro. "Hay sepulcros sin nombre", añadió Igor de forma enigmática.

Una tumba de estas, un imponente sepulcro anónimo, resistió todos los intentos de ser fotografiado o filmado por la reportera: entre todos los archivos, sólo estos bloqueaban continuamente el ordenador en un curioso fallo técnico.



Las leyendas cuentan que Grando fue un campesino que murió en el 1656 y se transformó en un maléfico "vampiro" ser que se levantaba de su tumba.

El vampiro abusaba sexualmente de su propia viuda, quien describió con horror como el cadáver de su esposo se le aparecía con una sonrisa espantosa, la boca sangrienta y haciendo un ruido horripilante esforzándose por respirar.

Para poner fin al maleficio, el párroco asaltó al vampiro con un crucifijo demandando que dejara de aterrorizarlos.

Aunque le salieron lágrimas de los ojos del espectro, Grando continuo aterrorizando a la aldea hasta el punto de que un grupo de aldeanos lo atraparon y intentaron de perforar su corazón con estacas de espino.

La historia nos cuenta que ni siquiera el mas conocido remedio contra los vampiros pudo surtir efecto y que en las noches siguientes Grando se vengó de sus atacantes: tocaba a las puertas de los que le habían atacado y en cada casa alguna persona moría después de grandes sufrimientos como si alguien le hubiera chupado la sangre.

En 1672 cuando, en un nuevo intento de poner fin a la maldición, nueve audaces aldeanos y el párroco acordaron degollar a la criatura maléfica mientras descansaba en la tumba.

El más valiente de ellos, un tal Stipan Milasic, logró tras una batalla feroz cortarle la cabeza mientras el vampiro saltaba y chillaba de forma horrible. De la herida salió tanta sangre que cubrió a los presentes. Cuando cayo a la tumba, el monstruo finalmente se rindió.

Desde aquel momento la paz volvió a Kringa. La misma paz inalterada que ahora perturban solo los turistas interesados en el vampiro que aterrorizo aquel tranquilo lugar.

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